Madrid: Carretas, nuevo punto negro de la prostitución en Centro

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Carretas, nuevo punto negro de la prostitución en Centro https://www.abc.es/espana/madrid/abci-carretas-nuevo-punto-negro-prostitucion-centro-201910080047_noticia.html Oct 7th 2019, 22:47
hay más. Algunos dicen que el doble. Son prostitutas maduras de origen suramericano, y también hay algunas españolas y africanas, más jóvenes, además de transexuales. Se despliegan desde la plaza de Jacinto Benavente hacia Atocha, plaza del Ángel, calle de la Cruz y Carretas. Nunca habían bajado a esa vía cercana a Sol. A algunas se les nota a la legua por su llamativa vestimenta y porque se apoyan en farolas y en bolardos a la espera del cliente, mayor de 60 años. Hastiadas. Cerca de ellas están, ojo avizor, los proxenetas que las explotan, la mayoría latinos. Algunos no paran de hablar por teléfono.
Otras mujeres pasan desapercibidas y se sientan en los bancos de madera, en la zona ajardinada que corona el final de la calle o en los poyetes de piedra. Provistas de algunas bolsas, parecen descansar entre los ajetreados transeúntes después de realizar algunas compras.
«Esto no es Montera ni de lejos, y esperamos que nunca lo sea; pero ahora se trafica o se explota más a la mujeres que antes. Basta echar un vistazo. Antes no bajaban por Carretas y ahora se han extendido». Eso afirma Rafa, desde la atalaya de su comercio situado en esa céntrica vía. Su testimonio es corroborado por la encargada de una tienda de la cadena Inditex, por el responsable de una tienda de ropa masculina, por el gerente de un bar…
Los comerciantes y viandantes interrogados por ABC coinciden: «Siempre ha habido prostitutas arriba, en la plaza de Jacinto Benavente». Los veteranos del lugar recuerdan que hace décadas eran españolas entradas en años con aspecto de amas de casa, bolso en ristre, que salían de casa cada mañana como si fuesen a trabajar. Después, fueron mutando; y al calor de la inmigración llegaron las mafias y recalaron las extranjeras . Algunas de las que esperan tienen cartones puestos en las vallas que rodean los árboles, improvisando asientos para no hacerse daño. También se acomodan otros transeúntes.
El conteo que hizo ABC hace una semana alcanzó la cifra de veintinco mujeres. Tres estaban apostadas en las escaleras del Teatro Calderón; otro trío, a la salida del aparcamiento de la plaza;otra, en un banco pequeño junto al «parking» de motos; otra de raza negra, sentada en un pivote; una cuarta, en la calle Atocha; tres en la calle de la Cruz; una en la puerta del Ángel,ocho en la calle de las Carretas… Cinco días después, había 20.
«Las teníamos fichadas» «Hemos notado más su presencia a partir de este verano. Fácilmente, habrá medio centenar repartidas por ese entorno», recalca Víctor Rey, presidente de la Asociación de Vecinos de Sol y Barrio de las Letras. Se colocan en las escaleras del Teatro Calderón y desde ahí se han extendido hasta las calle de las Huertas, de la Bolsa, además de las citadas… Superan los 50 años e incluso los 60, salvo algunas excepciones: «A las de siempre las conocemos; las tenemos fichadas. Llevan años y años desayunando y toman café junto a nosotros…». A su juicio, la prostitución «ni es ética ni estética y supone una degradación personal lamentable».
Para Rocío Mora, directora de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (Apramp), «esas mujeres deben de haber cambiado de lugar y de modus operandi, pues lo habitual ahí es el contacto telefónico del putero fijo con la mujer, que le aguarda en un piso, no en la calle», explica, a diferencia de lo que ocurre en Montera. Ahí las redes mafiosas exhiben a las víctimas de la trata y las van renovando, como si fuesen mercancía; y por las noches son jovencísimas, recalca. Así lo indica en base a las unidades móviles de la entidad que conoce a todas las mujeres. Fuentes policiales inciden en que por la tarde hay más meretrices que antes. «Yo diría que se han duplicado. A veces, se ponen hasta en la parada de los autobuses», explica el joven camarero. Comienzan pronto, sobre las diez de la mañana, pero no trasnochan mucho y se retiran a las diez o las once…
«Han cambiado el paisaje y el paisanaje: hemos perdido las aceras pero hemos ganado en meretrices, puteros, manteros y rateros». Es el resumen que realiza Maricel, camarera de un restaurante que incide en la parte negativa de la peatonalización. Aunque no todo ha sido malo. También encuentran el lado positivo. «No sufrimos a los coches, el público está más cómodo al contar con más espacio, ya que antes las aceras eran muy estrechas y todo está más limpio», dice Beatriz, que regenta una corsetería. Hay rincones en los que duermen los indigentes y alcorques repletos de latas y de todo tipo de enseres que la gente deposita como si fuesen papeleras.
La plaga de los manteros Ninguno olvida a los manteros. José Manuel Fernández, coordinador de Comercio Madrid Foro Empresarial, subraya que se han extendido a Carretas, dañando al sector. «Son una plaga a diario. Cuando la Policía los echa de Gran Vía o Sol, se colocan aquí, en el eje central. Suelen ponerse por las tardes. Hoy no hay ni uno. Han pasado agentes a caballo, a pie y en coche», indica un camarero. Juana protesta. «Ahora hay más y, aunque no vendan lo que tú, te hacen la pascua porque lo que la gente gasta en la manta deja de gastar en las tiendas». Desde la Asociación de Vecinos de Sol y Barrio de las Letras la percepción es otra: «Antes, su presencia era más permanente. Ahora vienen y van en función de la presión policial. Los he visto hasta en la carrera de San Jerónimo y en la plaza de Canalejas».
Los fines de semana «emigran» por el aumento de agentes de paisano. Acuden refuerzos de otras unidades solo a atajar esa práctica, precisan sindicatos policiales. El Ayuntamiento se ha propuesto erradicar la venta ilegal. Esta medida forma parte del Plan Choque del distrito Centro que incluye 98 agentes.
«Las ONG son calvario: nos espantan a los clientes» «Los chicos de las ONGson una auténtica tortura porque nos espantan a los clientes». Es la queja unánime de los comerciantes de la zona. Han aflorado también a raíz de la peatonalización de Carretas. «La gente trata de esquivarles y, en lugar de mirar tranquilamente los escaparates y entrar en las tiendas, huyen como alma que lleva el diablo», recalca Manuel, encargado de una tienda de «Son una plaga. Antes estaban en Preciados y en Montera, también peatonales, pero ahora los tenemos aquí también», asevera Pepita, una vecina.

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